México del Norte

Nación de Inmigrantes

 

Dice la sabiduría convencional de este país, que esta es una “nación de inmigrantes”. Es cierto, porque pocos son los gringos que pueden echarle un ojo a su árbol genealógico más de dos o tres generaciones sin encontrar parentela del otro lado del charco (los dos charcos, Atlántico y Pacífico). El que no es descendiente de ingleses era su vecino, irlandés o escocés. Y el que no, se brincó otro charco más, el Canal de la Mancha, y viene de alemanes, suizos, franceses, suecos, noruegos, polacos y demás. Si no son norteños, vienen de tantito al sur, Italia Grecia y demás, o e países que ya ni existen, como Prusia.

O vienen del lado del otro charco, de China, Corea, Vietnam, Filipinas y otros vecinos asiáticos, y de África ya no se diga, aunque en su caso la mayoría no fueron inmigrantes voluntarios. Para el caso, este siempre ha sido un país de brincacharcos. Por lo menos hasta que empezamos a venir nosotros…

Y como dice el dicho, “Como te ves me vi…”. Una cosa es ser descendientes de inmigrantes, y otra es ser “amigo” de los inmigrantes, a pesar de las repetidas declaraciones de la mitad menos uno de todos los políticos del país. Cada ola de inmigrantes ha tratado de resistir e impedir la siguiente.

Trabajando en un proyecto da Calendario Inmigrante para el 2011, francamente me sorprendí de lo anti-inmigrante del país. La primera ley que restringió la inmigración se emitió en 1790, apenas 14 años después de la Declaración de Independencia. Restringía la inmigración a las personas de “buen carácter moral”, frasecita que se sigue usando hasta hoy día. Ocho años después vino la Ley de Extranjeros Sediciosos, que facultó al presidente a deportar a los extranjeros “peligrosos”.

El siglo XIX no fue muy productivo legalmente, pero la represión contra muchos inmigrantes fue bestial. Baste citar los asesinatos de los mineros irlandeses organizados en los “Molly McGuires”, y los de los Mártires de Chicago del Primero de Mayo. Legalmente, a finales de siglo se prohibió a los extranjeros ser dueños de tierras en Estados Unidos.

En los siguientes cien años no solo siguieron tratándolos mal, sino que se acordaron de las leyes; comenzando el siglo, se emitió en 1901 la Ley de Exclusión de Anarquistas, y en 1906 se volvió obligatorio aprender inglés para los nuevos inmigrantes.

El Peligro Extranjero

Y si no había ley, igual. En 1911, el “peligrosísimo” Joe Hill, organizador sindical nacido en Suecia, fue ejecutado en Utah; en 1917 1,186 “peligrosos” huelguistas inmigrantes fueron deportados de Arizona, y en 1927 los italianos Sacco y Vanzetti, fueron asesinados “legalmente”. A los 70 años de su ejecución su juicio se declaró inválido.

Entre 1932 y 1936, millón y pico de inmigrantes mexicanos y sus hijos nacidos aquí fueron “depatriados” y deportados para “liberar” trabajos para los estadounidenses, igualito que hoy hace Barack Obama.

En 1917 se excluyó a todos los asiáticos de poder emigrar a Estados Unidos; de paso, a los “analfabetas, epilépticos y personas de sicopatía inferior”, y a los filipinos en 1934. En la segunda mitad del siglo las “actividades subversivas”, desde nazis hasta comunistas, se hicieron impedimentos para inmigrar. Del 2001 pa’ca, ya ni se diga… todos somos terroristas potenciales a los ojos de la ley.

Pero hay que ser justos. Pese a que he escrito 400 veces que no somos peligrosos, la verdad es que si. Entre docenas de ejemplos de nuestra peligrosidad hubo inmigrantes como los Molly McGuires, Alfred Renton (Harry) Bridges, Joe Hill y Daniel DeLeón, todos promotores del sindicalismo; John Altgeld, que impidió la represión de huelguistas por pare del ejército; Lucy González Parson, huelguista, sufragista y revoltosa sin fin. Y no ha sido peligrosidad personal. Griegos, italianos, alemanes y suecos, chinos y rusos e irlandeses, fundaron sindicatos, hicieron huelgas y “sentones” laborales, logrando crear el Seguro Social, el salario mínimo, la jornada de 8 horas, todas ellas “ideas extranjeras” y peligrosas.

Ahora nos toca a nosotros, en nuestra ola y traemos la peligrosísima idea de que todos somos iguales y tenemos el mismo derecho a inmigrar que todos los de antes. Enfrentamos lo mismo que todos los demás, los anteriores, pero al final vamos a ganar, y ojala cambiemos la dinámica de fregar al que sigue. Es 2011, hora de cambiar este país como lo cambiaron los demás.

Y por cierto, apréndase la historia. Ordene su calendario We The Immigrants 2011 a wetheimmigrants@gmail.com, en vez de poner en su cocina uno del Popo y la Izta del supermercado más cercano.

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